Salvando planetas primordiales



Habían pasado tres días desde que conocí al Principito, y cada vez que conversábamos me sorprendían sus sabios comentarios y sus afinadas preguntas.

                  - ¿Es bien cierto, verdad, que los corderos comen arbustos?
                  - Sí, es cierto.
                  - ¡Ah! Me alegro.

No entendí por qué era tan importante que los corderos comiesen arbustos, pero el Principito agregó:

                 -Entonces, ¿comen también baobabs?

Nuestro pequeño príncipe nunca olvida una pregunta. ¿Y vosotros?

Analicemos juntos el capítulo V y reflexionaremos sobre la fundamental ocupación y fuente de preocupación del Principito por salvar su pequeño planeta.

Veréis, sé que os entusiasman las leyendas. A mí también. Su magia abre nuestra mente, es un impulso para adentrarnos en territorios desconocidos que nos pueden aportar un estado de ensoñación que fácilmente se arraiga a una mirada soñadora (como la que compartimos) y a la vez podemos aprender de los consejos más sabios que transmiten sus palabras. Recuerdo un cuento tradicional africano que leí hace mucho tiempo sobre este árbol tan misterioso, atractivo e impresionante que también tiene una moraleja que nos puede interesar:

Viajemos juntos  hasta el corazón de África y prestad atención.

Cuenta esta intrigante historia que los baobabs eran admirados por todas las criaturas de nuestro planeta por su enorme belleza. Los dioses quisieron hacerle un precioso regalo concediéndoles muchos años de vida. Crecieron y crecieron extendiendo sus ramas hasta el cielo, pero de tal forma que dejaban sin el calor y la luz del sol a otros árboles, condenándolos al frío y a la oscuridad. Los baobabs eran tan presumidos y orgullosos que desafiaron a los dioses intentando llegar hasta ellos. Por eso recibieron una lección y fueron vueltos del revés, haciendo crecer las flores en el interior de la tierra y sus raíces apuntando al cielo dándoles ese aspecto tan peculiar. La soberbia enterrada y la humildad hacia el azul del cielo.

No sabemos si aprendieron la lección, pero lo que sí sabemos es que son árboles titánicos, orgullosos con gruesas raíces que seguro pueden destruir un planeta chiquitito.

En este maravilloso capítulo el perezoso nos enseña el peligro de bajar la guardia; debemos limpiarnos de miedos, malos pensamientos y emociones negativas que destruyen y minan nuestro interior. Así, la labor disciplinada diaria de nuestro pequeño amigo es fundamental y obligada.

No lo olvidéis, es un mensaje, tan importante como urgente, que en este capítulo se convierte en una advertencia especialmente dirigida a vosotros, los niños.


Planeta del perezoso

Nuestro joven protagonista andaba buscando una solución desde que lo conocimos para aliviar su carga: un cordero que se alimentase de pequeños baobabs, porque todo lo grande comienza siendo de tamaño reducido y casi inofensivo...

Nosotros debemos hacer lo mismo para evitar que estas terribles semillas acaben consumiendo todo lo que hace de nosotros un ser humano.

¿Qué debemos limpiar? ¿Cómo empezar? ¿Cómo identificar a nuestros baobabs?

Tras la lectura de este capítulo, la reflexión surge por sí sola. Nacemos con un potencial que bien dirigido convertiría nuestro mundo en algo radicalmente diferente, le daría valor a nuestra existencia, una razón especial y única. Primero debemos ser conscientes de los sentimientos , emociones y sensaciones que van apareciendo en nuestro interior (nuestras semillas), identificarlos es primordial. Me habéis contado vuestras experiencias y hemos conseguido descubrir qué os hacían sentir: algunas miedo, otras ira, celos, bondad, amabilidad, incomprensión, tranquilidad, confianza, rabia, afecto...

Lo negativo que habéis expresado va a convertirse en las raíces que pueden destruir todo lo hermoso que lleváis dentro, y lo positivo siempre hacia la luz , intentando que tengan su espacio para desarrollarse como deben. También hemos hablado de los prejuicios (un debate intenso en el proyecto anterior "El mundo de Jane", Jane Austen), esa fea antigua costumbre heredada de "las personas mayores" de juzgar a los demás antes de conocerlos, como bien nos irá enseñando el Principito en sus relatos. No tenemos bastante con lo nuestro y el mundo de los mayores nos deja esa preciosa "herencia".

Todo forma parte de un mar interior que debería tender hacia el equilibrio, hacia la calma. Estamos llenos de lo que somos, de lo que nos rodea y de la evolución de ambos.

No os quiero decir que es fácil evitar sentirlos y dejar así atrás todas esas cargas pesadas que nos convierten en personas poco recomendables sino que debemos aprender a gestionar, palabra mágica que surge cada vez que trabajamos el lenguaje emocional.

Leed esta frase de un pensador griego:
«Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.»
Es inevitable tener algunas semillas de "baobabs" en nuestro corazón, pero debemos esforzarnos en ser conscientes del peligro que representa dejar crecer a sus anchas sus enormes raíces, porque una vez se encuentren a gusto en nosotros, nos será muy difícil arrancarlas.
Utilizando el lenguaje de nuestro príncipe de las metáforas, os invité a plantar semillas en clase, observar su crecimiento, sus necesidades, anticipar peligros que podrían acabar con ellas; descubristeis que crecían hacia la luz solar (fototropismo) y se nos ocurrió dejar este mensaje en el aula para que nunca les faltase lo esencial. 

Pero hay semillas buenas y malas , todas pueden tener la posibilidad de despertar.




 Vosotros también sois semillas que estáis despertando. Necesitáis luz.

Finalmente haremos un listado de emociones que os hacen sentir bien , de las que os hacen sentir mal , cuándo y cómo han surgido y qué respuesta ha provocado en vosotros. Si uno se conoce bien está preparado para conocer a los demás y caminar con paso firme en este sendero vital.
Crecer es aprender a gestionar nuestras emociones, sentimientos y acciones.

Y después de momentos de charlas, de escucharnos, aquí están vuestras reflexiones finales.



Imaginando las consecuencias catastróficas de dejar crecer malas semillas.


La pereza camina tan despacio que te engulle sin apenas darte cuenta.



El Principito sabe que solo puede haber salvación con disciplina y constancia y os dirige un mensaje especial y urgente a vosotros, los niños y niñas de nuestro mundo.
Él retiraba diariamente lo que era negativo para su planeta y todos deberíamos hacer lo mismo, nos cuenta metafóricamente Antoine de Saint-Exupéry en su maravilloso libro.


Y así fue como al tercer día conocí el drama de los baobabs-, nos cuenta el aviador.
Yo, como aviadora, he pretendido que lo viváis con ellos.
                                
Consejo sabio:
          - Y entonces, ¿cómo librarse de ese peligro?
          - Es una cuestión de disciplina -explicaba el Principito-. De rutina.



 
"Es un trabajo fastidioso, pero fácil- dijo el Principito".
Magnífico jardinero.

Comentarios

  1. Me encanta cómo habéis planteado este pedazo proyecto. Siempre encaminando a los niños a este tipo de clásicos. Primero con Jane Austen y ahora el Principito... Espero que sigas cultivando en estas pequeñas mentes, una semilla que será nuestro futuro. Ojalá más personas como vosotros existieran... ¡Gracias por enseñarnos todos estos valores! Espero poder leer más de vuestro proyecto.

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